


Bien por ellos.
Aquí dejo una señal de mis naufragios y mis tormentos: los enormes esfuerzos que hice por borrar el camino trazado por tu saliva, un montón de huesos insepultos y la ceniza mordiéndome la sangre. Esto que escribo es una hora de profecías esparcidas en el camino, o un intento de ponerle flores a unos pies ensangrentados.
A partir de hoy no esperen nada más de mí.
de: Leve Ceniza
Se puede discutir su ampuloso prólogo. Se puede no estar de acuerdo con la herramienta teórica utilizada. Incluso se puede objetar la ausencia de tal o cual escritor tradicional, mayor o joven, o disentir respecto de los que sobran en el libro. Se puede cuestionar los criterios adoptados por el autor, e incluso los errores de edición. Pero si algo en el que tirios y troyanos estarán de acuerdo es que, AQUÍ NO FALTA NADIE, ha desatado polémica, y es el libro que mayor crítica sana o insana ha recibido en el decurso de los últimos años. Y claro, ha trascendido fácilmente las fronteras de Puno, y ha sido leído con fruición en casi todos los círculos de la literatura peruana.
Hay que recordar que importantes y reconocidos críticos y estudiosos de la literatura peruana y regional han dado su opinión en torno al libro, todos aparentemente elogiosos. Caso Ricardo Gonzáles Vigil, Juan Zevallos Aguilar, José Gabriel Valdivia, Ricardo Virhuez, José Luis Córdoba, Percy Zaga, Juan Luis Cáceres Monroy, entre otros. Y no es para menos, se trata de un recuento desde los fundacionales Alejandro Peralta y Carlos Oquendo de Amat, pasando por el gran poeta vivo Efraín Miranda Luján, hasta concluir en la llamada Generación del ´90. Sólo 21 poetas para un periodo de cien años.
Ocurre, sin embargo, que un sector de la literatura puneña cree porque pertenece al establishment literario local (¿si existirá?) o porque creen que tienen el respaldo académico, pueden hacer sacrosantas evoluciones del proceso literario puneño en un ensayo y/o una antología. Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver o que no hay peor sordo que el que no quiere oír. En este mundillo literario local, ya lo dijimos, es fácil engatusar, falsear, despistar o callar las bondades de un libro. Por eso, quedará para la anécdota los resquemores, las pataletas y las rabietas de algunos de nuestros escritores mayores de Puno y aquellos jovenzuelos que, dándose de grandes estudiosos y conocedores de la literatura y la historia puneña, traten de silenciar mediocremente en uno que otro cursito de capacitación docente o en cuanta entrevista son “invitados”. Pero el asunto siempre ha sido bastante sencillo: el tiempo y los lectores, son y serán los mejores críticos.
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Fuente: El Katari. Boletín de letras, Nros. 13-14. (Director Víctor Villegas), Puno diciembre 2008.
Iwasaki en dos palabras
Cuentos:
—Tres noches de corbata (Ediciones AVE, Lima, 1987)
—A Troya, Helena (Los libros de Hermes, Bilbao, 1993)
—Un milagro informal (Alfaguara, Madrid, 2003)
—Ajuar funerario (Páginas de Espuma, Madrid, 2004)
—Helarte de amar y otras historias de ciencia-fricción (Páginas de Espuma, Madrid, 2006)
—Inquisiciones peruanas (Páginas de Espuma, Madrid 2007)
Novela:
—Libro de mal amor (RBA Libros, Barcelona, 2001)
—Neguijón (Alfaguara, Madrid, 2005)
Ensayo:
—Nación peruana: entelequia o utopía (Centro Regional de Estudios Socio Económicos, Lima, 1988)
—El comercio ambulatorio (coautor, Instituto Libertad y Democracia, Lima, 1989)
—Extremo Oriente y el Perú en el siglo XVI (Mapfre, Madrid, 1992)
—Mario Vargas Llosa, entre la libertad y el infierno (Estelar, Barcelona, 1992)
—El descubrimiento de España (Peisa/Arango, Lima, 2000)
—Mi poncho es un kimono flamenco (Alfaguara, Madrid, 2006)
Crónicas:
—El sentimiento trágico de
—La caja de pan duro (Signatura, Sevilla, 2000)
«Lo más importante es el tono
de la narración, que el lector lo
perciba como una confidencia
o una revelación»
Tiene 46 años, nació en Lima y desde hace dos décadas vive en la capital andaluza. Allí desarrolló una obra literaria que incluye cuentos, novelas, microrrelatos, crónicas, ensayos y textos históricos. Publicó una docena de obras, pero se define como un creador aquejado por la escasez de un recurso no renovable: el tiempo. Por eso, no hace borradores ni versiones preliminares, y su última novela lleva casi dos años a la espera de que su autor retome la pluma. «No hay elección», dice Iwasaki, optimista: «Seré un jubilado que escriba».
Por: Cristian Vazquez
cristianvazquez24@yahoo.com.ar
Iwasaki nació hace 46 años en Lima. Allí estudió Historia y luego se dedicó a la docencia universitaria. A principios de los 80 llegó a Sevilla para terminar su tesis doctoral, y desde fines de esa década se afincó para siempre en esa ciudad. Es allí donde formó su familia, da clases, dirige la revista literaria Renacimiento y planea vivir el resto de sus días. Aquella tesis doctoral por la que cruzó el Atlántico nunca la terminó; por eso la última edición de Inquisiciones peruanas lo define —parodiando el estilo de los viejos catecismos y libros religiosos— como un «antiguo colegial de los muy reverendos Hermanos Maristas de la noble Provincia de Lima, Maestro de Historia y Artes en
Cuando uno piensa en tu formación como historiador, el primer beneficio en que uno piensa son los conocimientos adquiridos. ¿En qué más te ayudó?
El primer beneficio no tiene nada que ver con
¿Cómo combinás, si es que se combinan de alguna forma, tu trabajo para vivir y «pagar la hipoteca» con tu trabajo literario?
De mi trabajo «para vivir» depende mi familia. Del trabajo literario sólo depende mi equilibrio emocional. Así que no hay elección: seré un jubilado que escriba.
«Pagar la hipoteca» aparece en distintas entrevistas que le han hecho a Iwasaki como la síntesis de la dificultad a la que se enfrenta el escritor que quisiera dedicarse tiempo completo a la literatura pero debe trabajar diez o doce horas diarias para ganar el sustento. De ahí la pregunta. La respuesta deja lugar para pensar que, para proyectarse como un futuro «jubilado que escriba», la docena de libros que ya publicó son —al menos— un buen prolegómeno.
«Lo que escribo, cuando por fin escribo, es lo que queda»
Debido a que no dispone de mucho tiempo para escribir, Iwasaki explicó un método de trabajo que se vio en la «obligación» de utilizar en más de una oportunidad: pensar y tomar apuntes para sus obras, y luego dedicar un período intensivo de trabajo a la redacción final de sus textos. Sin embargo, en los textos se nota un tratamiento profundo del lenguaje, juegos de palabras y un estilo que, al menos en la superficie, parece «trabajado». ¿Cómo es ese proceso de escritura?
—Aquellas respuestas en las que hablaba sobre apuntes y meses en el congelador —dice el autor— se referían a los microrrelatos de Ajuar funerario (2004), pero ese método no es extrapolable a mis otros libros. Cuando escribí Neguijón (2005), el lenguaje era otro protagonista de la novela y eso me supuso una compulsa permanente, pues todas las palabras empleadas en aquella novela eran de uso corriente en los siglos XVI y XVII. Con Libro de mal amor (2001) me ocurrió algo parecido, pues a veces un solo párrafo me ocupaba semanas. Lo que sí es cierto es que no hago ni borradores ni versiones preliminares, de manera que lo que escribo, cuando por fin escribo, es lo queda.
Hay escritores que se obsesionan con la corrección. ¿Corregís mucho los textos? ¿Hay algo de eso en el porqué de que un párrafo te lleve semanas de trabajo?
Es una cuestión de relación con el tiempo: como nunca tengo plazos perentorios para entregar un manuscrito, me puedo permitir el lujo de miniar una frase o un párrafo hasta quedar absolutamente satisfecho. Eso sí, una vez que pienso que ya está, no la vuelvo a revisar. Por eso digo que no hago borradores.
¿Qué hay de la autobiografía en tus relatos? Es decir: Libro de mal amor se presenta como «bastante autobiográfico». ¿Cuál es la relación entre realidad y ficción en general en tu obra?
Todos los escritores utilizamos nuestra vida y la de otros serviciales desprevenidos como insumo literario, pero no a todos nos interesa la «autoficción» y no todos los que jugamos con nuestra biografía lo hacemos al mismo nivel. La tía Julia y el escribidor, de Mario Vargas Llosa,
BIEN PENSADO Y ATADO
A la hora de hablar sobre procedimientos y técnicas de escritura, que cada escritor tiene los suyos, una de las cuestiones más interesantes suele ser cuánto conoce el creador de la historia que se propone narrar. Por ejemplo, Julio Cortázar escribe en la «Nota» final de Los premios: «Para mi maravilla y gran diversión, la novela se cortó sola y tuve que seguirla, primer lector de episodios que jamás había imaginado que ocurrirían a bordo de un barco de
Iwasaki se posiciona en las antípodas del escritor argentino. «Nunca escribo nada sin tenerlo todo antes muy bien pensado y atado», afirma. «Admiro y envidio a los escritores que juran que sus personajes se les rebelan o a los que aseguran que simplemente no saben cómo van a terminar sus libros, pero yo debo ser o muy autoritario o muy maniático, porque hasta ahora mis personajes siempre han hecho lo que he querido».
Eso me recuerda a una frase de Raymond Chandler, que decía que cuando empezó a escribir no sabía cómo hacer entrar a un personaje a una habitación. ¿Cómo fue tu aprendizaje como escritor?
Para mí lo más importante fue encontrar el tono de la narración. Es decir, un tono que el lector percibiera como una confidencia o una revelación. Como algo personal, aunque se trate de una ironía.
En esa búsqueda, ¿cómo influyó el hecho de irte de Perú?
No me fui del Perú para ser escritor, sino para investigar en un archivo porque estaba trabajando en mi tesis doctoral de Historia. Lo que ocurrió fue que luego no me dediqué, como pensaba, a la enseñanza universitaria. No obstante, seguro que si me hubiera quedado en el Perú sí habría seguido enseñando en una universidad y no habría publicado ni la décima parte de lo que he publicado hasta hoy, aunque estoy convencido de que sí habría continuado escribiendo.
LAS INFLUENCIAS Y
Cuando lo consultan por sus influencias, a Iwasaki se le hace inevitable hablar de Jorge Luis Borges. Dice que el autor de El Aleph es el autor que le permite «ordenar» todas sus lecturas. También menciona a muchísimos otros escritores, como para hacer justicia con todas aquellas horas y horas de placer que, como a todo buen lector, los libros le proporcionaron. Pero el caso de Borges parece ser especial, y le dedica un lugar importante en el cuento «El derby de los penúltimos», incluido en el libro Un milagro informal.
Ese relato transita por tres ciudades y con personajes (peruanos, españoles, argentinos) variados, hasta que al final uno de ellos, Cocolucho, pide que lo llamen Jorge Luis. ¿Lo pensaste como un homenaje a Borges, o es un invitado más en la trama?
El protagonista del cuento en realidad es Félix del Valle, un escritor peruano tan olvidado… Todo el cuento es un homenaje a él, aunque aparezca Borges. Más bien, invité a Borges a que participara en el homenaje a Félix del Valle, como en los conciertos de los rockeros viejos.
Entre tus preferidos e influencias también mencionás a Cortázar y la colección Robin Hood. ¿Qué relación tenés con la literatura argentina, más allá de Borges?
Sin la literatura argentina yo sería un pichiruchi. Mi madre coleccionaba Billiken y yo leí maravillado aquellas revistas antiguas, pero llenas de cosas nuevas para mí. También tuve los cuentos de la colección Nueva Atlántida de Constancio C. Vigil —Chicharrón, El mono relojero, etc.— y los libros de Bomba, el niño de la selva de la editorial Robin Hood. Y no puedo dejar de mencionar mi colección de Mafalda y mi lectura semanal de El Gráfico, pues todo eso me preparó para comenzar a leer a Cortázar y a Borges. No obstante, también soy un gran lector y admirador de Sábato, Osvaldo Lamborghini, Di Benedetto y Marco Denevi. Procuro estar al día de las novedades de Aira y Piglia. ¡Me encanta Ana María Shua! Quise y leí mucho a Fontanarrosa (aunque yo soy «leproso»), así como leo y quiero a Rodrigo Fresán, Guillermo Martínez, Alan Pauls, María Fasce, Alfredo Taján, Pablo de Santis, Claudia Piñeiro, Marcelo Birmajer, Gonzalo Garcés y Andrés Neuman. Argentina es un continente literario donde uno todavía puede descubrir autores raros, geniales y olvidados como Alberto Ghiraldo, Manuel Forcada Cabanellas, César Tiempo y Conrado Nalé Roxlo. Por lo tanto, mi deuda literaria con Argentina es más impagable que la deuda externa peruana.
Para cerrar, ¿en qué estás trabajando actualmente? ¿Podés adelantarnos algo de tus proyectos futuros?
En septiembre de 2006 escribí las primeras 42 páginas de una novela que abandoné por falta de tiempo y que todavía no he podido retomar. Esto es algo que siempre me ocurre y contra lo que nada puedo hacer. Mientras tanto, repaso y corrijo algunos ensayos que podría publicar a lo largo de 2008, porque no todo en la vida es ficción.
Tomado de: revistateína Nº 17. (Valencia - España).
Cuento
Escribe: Darwin Bedoya
I
Eternidad
Leímos todo cuanto había sido escrito sobre el amor.
Pero cuando nos amamos descubrimos
que nada había sido escrito sobre nuestro amor
M. Denevi
“Tal vez seremos la escritura rebelde que el agua no se lleva.
O tal vez estemos condenados para siempre a vivir como locos de remate
entre las cuatro paredes de este mundo.”
A. Rodríguez
REPENTINAMENTE ELLA EMPEZÓ A LLORAR con un sentimiento increíble. Parecía un manantial que manaba la más cristalina de las aguas. Y las pequeñas aguas no podían estar calmadas. Esa noche, después del cine hindú, regresaban a casa acomodados en los asientos finales del bus. Extrañamente ese manantial tenía manos, eran unas manos que buscaban otras manos, las de su amado, quizá queriendo encontrarlas como antes o buscando perpetuarse en ellas. Confundida con su llanto, logró sacudir esas manos varoniles que sostenía y preguntó: Cariño ¿Si yo muriera, tú llorarías por mí? Le miraba fijamente a los ojos. Era su clásica manera de ponerlo entre la espada y la pared. ¿Si no estuviera más contigo: sufrirías, llorarías…igual que la protagonista de la película?
Él, que también era muy sentimental, estaba a punto de llorar viéndola así como estaba, pero hizo un esfuerzo, sacó de algún lugar esa extraña tranquilidad, encontró en alguno de los bolsillos su pañuelo y secándole las lágrimas, con cierta serenidad respondió: “No, yo no pensaría en llorar. No podría llorar por ti”. Apenas terminó la frase, ella lo miró desconcertada, le soltó las manos que hasta entonces sostenía con ternura. Amaba tanto a Rafael que no le parecía verdad lo que estaba escuchando. “No podría llorar por ti”. Aquellas palabras comenzaron a tener un sabor a lejanía.
Habían estado casi una vida juntos, en las buenas y en las malas fueron un solo sentimiento. Ella había hecho tantas cosas por él, tenían mil proyectos por realizar y hasta se habían comprado un pequeño departamento y, ahora, aparentemente estaba frente a un cristal roto, uno de aquellos que ni siquiera uniéndolos con el mejor pegamento pueden quedar iguales. ¿Pero si anoche juramos que nunca nos separaríamos, que tú y yo seriamos una eternidad, fue ayer nomás, casi entre lágrimas juraste amarme hasta el final de nuestras vidas; acaso mentiste?
Luego de un prolongado silencio, él sacó un cigarrillo de uno de los bolsillos de su chaqueta, lo encendió con lentitud; quiso demorarse un siglo. Volvió a secarle las lágrimas y antes de fumar, miró en todo su alrededor y habló: No sabes lo mucho que te amo ¿verdad?- la abrazó fuertemente contra su pecho mientras el cigarrillo caía al suelo sin haber sido empezado y, finalmente concluyó: “Quiela, si tú murieras, no tendría tiempo para llorar, yo moriría contigo”.
(*) Estos cuentos integran el volumen AUNQUE PAREZCA MENTIRA, la colección de textos breves de narrativa contemporánea.
Aquí no falta nadie
Antología de poesía puneña
Walter L. Bedregal Paz
Grupo Editorial “Hijos de la lluvia” & LagOculto Editores
2008-305 pp.
Hay poetas a los que Dios ha de expulsar del paraíso
para que no le hagan sombra.
E. G. Ordorika
La fractalidad en la poesía
Los libros y más si son antologías, tienen – y de eso, ya lo he comprobado – un momento mágico, su tiempo extraordinario que irrumpe casi sin darnos cuenta, ese tiempo para su espera, pero que definitivamente convoca toda una gama de comentarios y estos conformados por textos de diversa temática que aparentemente los alejan pero que en realidad los acercan y se aproximan para constituir el resultado del nuevo enfoque crítico literario – en esta oportunidad del sur peruano -, donde hacía tiempo no se notaba -al unísono-, desde un criterio simple y académico hasta mediocres análisis, de cómo la crítica literaria toma su papel como tarea casi de la imperfección; con palabras de José Miguel Oviedo: Una perpetua cacería que busca su presa mediante sucesivas aproximaciones y asedios.
La antología de poesía puneña, Aquí no falta nadie fue creada por un impulso interno irresistible, como el amor; pero cuando ya estuvo lograda, comprendí en la necesidad de protegerla, como a un hijo. Y entonces. Llega el momento de tropezarte con esa gran muralla: el crítico.
Es ahí donde entendí que las opiniones de los críticos no modifican ninguna obra, no le añaden ni quitan un milímetro; después de las alabanzas más desmedidas, como ataques enconados, la antología permanece igual, con sus mismas virtudes y sus mismos defectos. (WB).
Alfredo Herrera Flores.
Juan Luis Cáceres Monroy
Percy Zaga
Darwin Bedoya
Las antologías siempre darán que hablar, porque no son todos los que están, ni todos los que están son. Pero la que reseñamos, ha sido petardeada desde todas las ínsulas lacustres, aun por los propios antologados. Y ello, según el autor, está bien, porque así declaran la existencia de su trabajo ante el registro civil literario.
Desde el título tiene un espíritu provocador, porque si no falta nadie, las ausencias están demás. Sin duda que esto ha llamado la atención de los puneños y han enfilado contra el libro sus lanzas coloradas.
José Gabriel Valdivia
De ahí que no hay nada que reclamar a Walter. ¿Quemar el libro?, ¿recomendar que no se compre, o no se lea? No, nada de eso, pues parafraseando lo que le dijo a través de una carta César Vallejo a uno de los seleccionados, la antología ya está caminando, y «lo demás está en los estantes y eso nos tiene sin cuidado”.
José Cordova
Lo que quiero decir es que aquí los pacifistas no son bienvenidos, los conciliadores pueden tomar su lugar entre los conformistas, es decir los mediocres, la poesía es un espacio para guerreros y este libro tiene aroma a batalla.
José Luis Ramos Salinas
La antología tiene un extenso prólogo donde se hace hincapié justificativo de los poetas que se han seleccionado, considerando de cada uno de ellos méritos y singularidades que hacen posible merecerse el espacio del antologador. Así mismo en dicha presentación desde el título “Las puertas se han cerrado” se opta por una postura diríamos preclusiva, donde se cierra no sabemos con claridad la razón, la voz de otros poetas.
Boris Espezúa Salmón
Por otra parte, lamento que en Puno todavía no tengamos una noción clara de qué es una presentación de libros; no distingamos aún cuándo una situación comunicativa exige un diálogo espontáneo o protocolar; y que continuemos utilizando dichos espacios para manifestar nuestras propias frustraciones personales, narcisismos excéntricos sin propósitos crítico-valorativos.
Bladimiro Centeno Herrera
Me parece que la polémica ha degenerado. Se quiere retorcer la lógica y se pone atención a detalles con el único fin de alargar el juicio y aburrir a la opinión publica. Están creando cortinas de humo para evitar la discusión sobre el tema de fondo: tu intento de reordenar el canon regional de la literatura puneña con un nuevo modelo teórico.
Me parece legitimo de tu parte la utilización de la teoría de los fractales.
Juan Zevallos Aguilar
A menudo las antologías son famosas por los nombres de los ausentes, excepciones que confirman las motivaciones que las producen. Es decir, no todas las antologías están hechas para poner en vitrina a los más queridos, los más aptos, los más conocidos, sino para señalar derroteros, bucear en los caminos que construyeron la pasión literaria de un espacio cultural y geográfico. La gran poesía puneña, en 'Aquí no falta nadie', antología poética de Walter Bedregal Paz, puede darse el lujo de reconstruir un itinerario de voces que coinciden, se contradicen, suman. Se trata de una antología inteligente y sustentada en una tesis tan sencilla como perentoria: no es antología de poetas, sino de poemas. Es decir, el libro batalla con la poesía y lanza el reto de su selección. Su primera consecuencia es la divulgación de esa poesía, que sin querer se vuelve canon por su propia naturaleza selectiva. Y también, como al revés dice el título de su prólogo, abre puertas en lugar de cerrarlas, pues el inútil sueño de toda antología es cerrar el círculo y ceñir laureles, cuando siempre abre puertas simplemente, señala caminos, seduce e invita con su presencia temporal. El título del libro es excelente, pues desnuda el móvil de toda antología. Los resultados siempre son provechosos, como este libro tan atrevido como necesario.
Ricardo Vírhuez Villafane